miércoles, 4 de abril de 2012

Relatos cortos (Verso)

Se paró frente a la enorme puerta. Gran abismo al que solo podía acudir pensando que era posible de atravesar. Se ciñío sus pantalones apretados, se arregló su mejor chaqueta, colocó los dedos sobre los cordones de sus zapatos y los entrelazó y apretó bien fuerte. Mientras se dedicaba a arreglar cada detalle acudían a la puerta personas de todo tipo, más o menos de su edad, intentando lo que ninguno pudo conseguir, pasar. Se fué fijando más y más en aquellas personas que aunque decididas también parecían desesperadas. Consiguiendo notar los movimientos de sus manos su intensa pelea por lograr el paso frente al guardián de aquel lugar, la puerta más lejana, así la llamaban los que la conocían, los que sabían de su existencia.
Poco a poco llegaban menos personas hasta llegar el punto en el que ninguna aparecía. Espero un día, dos... allí no había turno simplemente el que quería probar suerte se acercaba y lo intentaba pero nadie conseguía el objetivo que todos perseguían.

-Llegó el momento (se dijo para si mismo).

Enderezó su postura, dió pasos agigantados pensando que así sus nervios se templarían, pero no fué así. Cada paso que daba parecía más pequeño que el anterior, como si se acercara despacio, como si le costara andar. Sus piernas entrelazaban cada uno de sus movimientos, hacia delante siempre hacia delante. Finalmente llegó ante el guardián.

-Hola, venía precisamente a cruzar la puerta.

+Precisamente estoy aquí solo por tu presencia.

-¿A sí? Es curioso, he mirado cientos de veces hacía la puerta durante mucho tiempo y he podido apreciar que también impedías el paso a los demás hombres, ¿De verdad soy yo la razón de tu existencia?

+Sí (respondió calmado y en un tono grave, seguro de sí mismo).

Él pensó que parecía tan seguro que no le quedo más remedio que creer sus palabras.

-¿Qué hay que hacer para que me puedas dejar cruzar? Ya que he visto que no es nada fácil.

+Realmente no tienes que hacer nada especial, solo saber lo que en verdad quieres en tu vida.

-¿Tan solo eso? Es fácil, es por la razón que estoy aquí.

+No, no es eso lo que de verdad quieres.

-Pero... si estoy aquí es por algo.

+No, no solo quieres eso. Realmente deseas, anhelas y quieres algo más, centra tus pensamientos y ven a verme cuando estés preparado.

El hombre anonadado por la respuesta del guardián se retiró. Se sentó en frente del guardián a unos pocos metros, en un banco de piedra y se quedó meditando. 

+¿Qué es lo que quiero?, si está bastante claro simplemente quiero cruzar. Es todo cuanto deseo en mi vida.

Pasaron los días y dicho hombre siguió intentándolo día a día con suficientes razones y motivos, pero siempre se le impedía el paso, nunca era lo suficientemente determinado como para cruzar al otro lado, donde yacía su felicidad. Pasaron los meses, incluso los años y el hombre cada vez estaba más preocupado por si finalmente podría atravesar ese único obstáculo pero casi imposible de conseguir a la vez.
El guardián, insistente en su labor, no le bastaban sus razones, quería saber la verdad.
Finalmente pasaron los años, el hombre se hizo mayor, un anciano, y todavía no había logrado atravesar la puerta. Un día comenzó a llorar, se derrumbó por completo. El guardián se acercó a su lado, se sentó en el mismo banco donde había estado tantos años esperando y le dijo:

+Mira, simplemente piensa, ¿Simplemente quieres cruzar la puerta o quieres lo que hay después de atravesarla?

Eso es pensó.

-Yo, es verdad... Deseo atravesar esta puerta pero lo que quiero es lo que viene después. No solo quiero atravesar la puerta, entrar en su corazón, sino que deseo quedarme allí, sentir su olor, sus caricias sobre mi cuerpo, susurrarle al oído cuanto la quiero y deseo, amarla durante toda la eternidad.

+Eso es.

Cogido del guardián poco a poco fué avanzando. Y justo cuando llegó a la puerta se le ocurrió algo:

-¿Por qué estabas solo aquí por mi guardián?

+Yo soy el corazón de la muchacha a la que tu amas. No soy un simple guardián al que le puedas dar cuatro razones y te pueda dejar anidar tus sentimientos dentro de mí. Yo sabía que tu eras y eres el hombre de la vida de la muchacha y no hay nadie que la merezca tanto como tú pero... tenía que saber la verdad, que era lo que deseabas de verdad y ahora ya lo sé.

-Pero ahora que soy viejo no me queda vida para pasarla con ella y cumplir mi palabra.

+¿Darías todo lo que tienes en tu vida por aunque solo fuera un segundo a su lado?

-Por eso he estado esperando todo este tiempo ¿No es cierto?

+Entonces te haré un favor.

De repente el hombre recuperó su juventud. Brillaba como nunca antes se había imaginado. Su aliento de vida, sus ganas de acercarse de verdad a la mujer a la que amaba se habían avivado aún más. Sonrió como nunca antes lo había hecho sabiendo que por fin había llegado el momento de ver a su amada.

-Gracias.

+Gracias a ti por haber devuelto la vida y la pureza a algo tan distinguido y único como es mi ser o sea su corazón.

Atravesó la puerta sin mirar atrás, el guardián ya no estaba allí. La puerta mas lejana por fin se cerró.

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