Estaba cansado. Despues de haber corrido todo lo que podía, y sin saber si sería suficiente. Le temblaba todo el cuerpo, debido tanto al frio como al agotamiento y al miedo que lo atravesaba como un cuchillo. Respiraba entrecortadamente pero con precaución para no alertar de su presencia. Tras un debate consigo mismo, decidio comprobar si estaba sólo en aquel edificio antiguo. Dudaba de si había sido una buena idea o no esconderse en aquel lugar, pero no le había quedado otra alternativa. De pronto, escucho un golpeo en la gran puerta de madera. En ese mismo instante se dio cuenta de lo encerrado que estaba. La puerta era gruesa, pero muy antigua, así que debía hacer algo antes de ser sorprendido. Encerrado, sólo le quedó una salida: huir hacia arriba por las escaleras. Decidido a gastar sus últimas energias, comenzó a subir, uno tras otro los largos escalones de mármol. Desde el segundo piso, escucho el ruido de la puerta caer. Más rápido, gritaba su mente, pero sus piernas no respondían a la llamada. Finalmente alcanzó la puerta de la azotea, que por suerte o no, estaba abierta. La atravesó y cerró, como si una simple cerradura pudiera darle más tiempo de vida, o una oportunidad de escapar. Pero la alegría duro muy poco tiempo. Un segundo, y la puerta cayó al suelo. Sin poder creer todavía lo que estaba viendo, comenzo a andar hacía atras, sorprendido aún por la terrorífica pero majestuosa figura que avanzaba lentamente hacia él. Cuando llegó a la cornisa y a un simple paso de caer en picado, desistió su avance.
- ¿ Qué es lo que quieres de mí? ( musitó)
No pareció que pudiera oírle, o en todo caso no respondió. Comenzó a mirar de nuevo a todas partes, como si fuera a encontrar alguna vía de escape para desaparecer de aquel infierno, pero no encontró más que silencio y vacío. Sus piernas no respondian ya, sus brazos no paraban de temblar. Cada vez más cerca, cada vez más aterrado.
Decidido a aceptar su destino y antes de que nada lo separara de la vida,fue el mismo quien la arrancó. En el transcurso de viaje sólo ida hacia el duro pavimento, sonrió muy a su pesar aceptando su destino, pero con la convicción de que nadie le había arrebatado nada: había sido el mismo el que decidio como encontrarse con la muerte
No hay comentarios:
Publicar un comentario